Desayuno sin diamantes |
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Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ladylikeaudrey@hotmail.com
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema No puede ser verdad. Cierra los ojosA la hora de arrepentirme no hay quien me gane. Me arrepiento de hacer una cosa pero también me arrepiento de no hacer esta otra y me arrepiento a la vez de haberme arrepentido por haber hecho o no haber hecho algo en concreto. Por otro lado, las despedidas. Siempre me da la impresión que suena la banda sonora de “Memorias de África” o alguna otra peor. Sí, son tristísimas. Al menos hoy ha llovido, aunque poco y sólo me ha servido para que el coche acabe ensuciándose e ir mañana dando la nota a clase. Novedades: que me vuelvo loca sólo con la idea de saber que el miércoles es fiesta, que la dichosa beca –por la que llevo rellenando impresos dos semanas- la envío mañana, que nos vamos de compras el viernes –caiga quien caiga-, que voy a dejar de lamentarme -porque sí, mi vida da asco, pero voy a cerrar los ojos- y que pretendo zambullirme en películas, en todas las que pueda, porque es mi placer más barato. CalendariosMi obsesión por el tiempo va creciendo. Supongo que no he empezado el año (o el curso) con buen pie. Y si este es el buen pie, me cuesta aceptarlo. He dejado el trabajo porque no me quedan horas. Entre ir y venir, pierdo una hora y con lo que me pagan no tengo ni para alimentar al coche. Cada vez me acuesto más temprano sólo con la idea de dormir, dormir y no pensar. Imaginar que todo es perfecto y que ni me agobio ni estoy agotada -sólo llevando una semana-. La idea de perder otro año más, como quien pierde un céntimo me enferma. Pero me han dicho que me lo tengo que tomar con calma. Intento averiguar cuánto durará este año. Y si saldrá bien (eso mejor dejarlo). Ya estoy cansada de ser opositora y sí, llevo una semana, oficialmente. Mientras, me pregunto por qué no estaré en alguna de aquellas terrazas, con mi aperitif y mi pastis. FueraTú estás allí, al final de los recuerdos. Como al fondo de una garganta y yo a la espera de palabras a voces. Sí, últimamente me veo algo más aislada que de costumbre, pero procuro acabar con la sensación ayudándome de un café o algo de fruta fresca o dos vasos de agua fría. Y conducir. Todo queda en eso. Tú no eres mejor que/ ni el resto. Ninguno. Pero yo tampoco soy peor, no lo olvides. Érase una vezYo, disfrazada por Carnaval o reflejándome al espejo. New OrleansI live at 901 Ronson in the Westwood Subdivison behind the Chevron gas station. I ad to leave my cat. She is a gray/white tabby and will hide from strangers. I did leave food and water on the counter but she may be out by now. The kitchen window is open and is in the back of the house. My side gate is locked but the rear fence is down. The house backs up to the canal. Can you please leave food and water. There was an aluminum table on the side of the house, please place it close to the window so she can jump on it to get in and out of the house when she wants to. My email address issuzq1953@yahoo.com., my cell # is 504-339-2014. Thanks so much for your generosity and kindness. God bless and take care. Suz Uno de tantos mensajes que se pueden leer en los foros de esta página. La aventura Parece todo un clásico aquello de viajar en busca de una madre o algún familiar extraviado. Nos llegan noticias de jan, que hace una semana que voló a tierras nórdicas para encontrarse con su padre. Después de perderse tras bajar del avión en un país cuyo nombre es imposible pronunciar en su idioma oficial y, en lugar de preocuparse por encontrar la embajada, nos envía mails larguísimos que parecen capítulos de un libro de viajes sin editar. Confunde las letras en el teclado y no deja de admirar el arroz blanco con el pescado tan delicioso que parece de museo y unas rubias muy altas y una cerveza muy cara. Tengo que madrugar, mañana toca otro país, como quien dice: mañana voy al centro.¿Sabes lo que pasacuando te encuentras tiempo y un ordenador no ocupado? Sí, actualizo hasta lo inactualizable: - Extrarradio - Equipaje - y Vistazos. Donde acaba el glamour- Gasoil - Sin plomo? - No, gasoil, acompañado de una sonrisa cálida. Así debía haber acabado mi jornada: salir de trabajar, llenar el depósito, ir a la piscina. Unos diez minutos más tarde de aquella sutil conversación y al intentar salir del último semáforo de la autopista, el coche hace cosas raras. Muy raras. Se para. Intento arrancar. ¿Esto está calado?. Me pitan. No arranca. Vuelvo a intentar arrancar. Me pitan. No arranca. Ruido más que raro, rarísimo. Me pitan. Dos opciones: o me pongo nerviosa o salgo del coche a ver sí a él no se le ha averiado nunca el coche. Salgo y se va y se van todos, y se están yendo todos mientras mi coche me deja en mitad de la autopista. En mitad. Pasan más coches que me vuelven a pitar y yo empujo al coche, para acercarlo al arcén, pero tengo que salir corriendo a echarle el freno de mano porque se dispara. Y hacía como cuarenta y dos grados. Y por lo visto el señor de la grúa me dice que me han echado sin plomo. Cómo?. Y allá que voy a la gasolinera de vuelta, presa del calor, del sudor, del qué hago yo sin coche!, del a ver qué pasa ahora. El de la gasolinera, me dice que me he equivocado yo, que le he dicho sin plomo y no atiende a razones. Bien. Hora de gritar. Un señor me dice que me calme. El de la sin plomo me dice que estoy mintiendo, que incluso yo misma cogí la manguera para servirme. Ahora es cuando pienso en lanzarme sobre su cuello, pero me lo impide el mostrador y las cajas de caramelos. Mirada furiosa de no voy a olvidar tu cara nunca. El dueño parece más comprensivo. Pero aún no ha acabado la cosa. En órbitaEs cierto que me empeño en la nada. Si tuviera que resaltar algo que me hace emocionar, reír o disfrutar lo llevaría claro. Pero no es algo que yo haya buscado, sencillamente está ahí donde quiera que vaya. Por suerte, el peso de los trabajos del doctorado está casi fuera de órbita. En otro orden de cosas está haber descubierto que tampoco soporto ya a los pocos conocidos que me quedan. Lo último: que jan haya pasado de ser un gaitas a hacerse pasar por un historiador de primera mano decidiendo seguir mis pasos incluso en el mismo departamento! Lo dicho, me siento bastante descorazonada de todos. Aunque lo que me preocupe no es el modo en que llegan a desilusionarme, sino el hecho de saber que es posible que siempre sea así. Diferencias demostrablesEsta madrugada he descubierto que no sólo hay japonesas que bailan flamenco mejor que yo -de hecho, yo ni bailo- sino que hay americanas que viven la fiesta con mucha más pasión -de hecho, yo ni le pongo-. Tierra para ver el cieloEs tiempo de cerezas me digo intentándome distraer para dejar de pensar en todo lo que he oído esta semana. Hago el mismo recorrido en coche, porque lo hago cada cuatro o cinco días, desde siempre y lo seguiré haciendo, como en un camino que no acaba y siempre es igual. Y pienso en qué pensaría él y en por qué no habló. Pero eso también lo piensa su madre. Y todos. Un revuelo causado por él pero del que no participó. *** Lo que dejo atrás Casi treinta kilómetros. Silencio en mi cabeza. Silencio para mí. Mi boca cerrada. Sólo motores de coches con gente que no me mira. Semáforos que están en rojo o en verde, o qué más da. Gente que habla, que ríe. Olores de comida desde cada una de las ventanas. Como la de mi madre. Mi madre. Sol que anuncia la entrada a otra dimensión de la que no sé nada. A lo lejos. Se acerca. Me acerco. ¿Por qué no hay tiempo? El ruido de mi moto. Amapolas y flores amarillas del campo. El olivar quemado. Partidos de fútbol desde las gradas. El color verde. Mayo que se pone tan cuesta arriba, más que ningún otro mayo, más que ningún otro día. Más que nunca. Mis zapatillas de deporte. Los videojuegos que no toqué. Los días que he decidido no vivir, no probar. Sitios a los que no iré. Se me hunde la cabeza de tanto pensar. ¿Por qué no hay tiempo?. La gasolinera y ese camión repostando como el de mi padre. Mi padre. Pero no me detengo. ¿Cuándo decidí esto? Caballos pastando como si no fuera con ellos. Un coche rojo que se vende y yo que nunca tendré carnet de conducir. Nunca tendré nada. Hombres que trabajan y no se preocupan de verme. La fiesta de ayer. El plato de calamares que compartí con mi hermana. Sus rizos negros. Los míos. El mundo a lo lejos. ¿Cuándo decidí esto?. Árboles con ramas largas que se agitan, negándolo todo. Miro el suelo. La hierba. La última vez. *** Mi primo, de diecisiete años, se suicidó una mañana de esta semana. Ante el desconcierto y el pánico, lo peor, lo peor, es no saber por qué. EstilosHay un semáforo que me lo pone difícil, cada vez que tengo que cruzarlo. Se pasa rápido y tengo que correr como si fuera en diligencia (pero sin caballos). Sin embargo hoy, me he cruzado con una pareja que cruzaba tan tranquila, como si no fuera con ellos. Y ellos con una gran sonrisa. Él, un señor negro, copia perfecta de Samuel L. Jackson en Tiempo de matar, a su lado, una señora blanca, recién salida de la peluquería, como Laura Valenzuela en algo así como Pierna creciente... intentándoselo ligar. CaminoTampoco hace falta madrugar mucho para encontrarse sola en la calle. Me gustan estas mañanas frescas y límpidas de abril y mayo, en las que, a lo sumo, me cruzo un par de minúsculos perros con un dueño y sus ojeras tras una esquina. Callejear en esta ciudad se ha vuelto bastante cotidiano para mí, a pesar de que nunca disfruté al andar. Pero las cosas cambian. Algunas. Suelo pasar cuando voy hacia el archivo (o cuando voy a cualquier sitio: me permito hacer rodeos largos con tal de pasar por ahí) frente a una casa en ruinas que parece que me mira desde sus balcones abiertos sin cristales. Palomas que no dejan de arrullar ni un segundo y gatos medio dormidos desperdigados por los escalones. Y un par de palmeras. Y ramajes que pretenden cruzar la oxidada verja. Esa es mi parte favorita del recorrido. Luego un par de plazas atestadas de flores como si sólo allí estuviera permitido que crecieran de todo el mundo. Más calles empedradas vacías y empiezo a divisar unas cuantas zapaterías cercanas. En ese momento es cuando aligero el paso, porque me veo yo allí, reflejada en los escaparates, en una parte de la ciudad eternamente silenciosa y todos esos zapatos ahí esperando, como dispuestos a dar una patada al cristal, romperlo y echar a correr tras de mí. No, jamás tendría una zapatería. Esos zapatos me dan mucho más miedo que los pájaros. Con la suerte en los talonesAyer tarde fui a gastarme los cuartos a una tienda de ropa en un centro comercial atestado de gente cuales hormigas en hormiguero. En ello estaba cuando acabé en la cola, justo detrás de una hermana de una amiga de mi hermana. Ella va a pagar cuando la dichosa rubia de la caja le da la buena noticia: “hey, tu compra gratis!”. Ja, sólo pude reírme, yo, justo detrás pensando que casi me toca a mí. Por qué poco! Me hace la cuenta y sí, pago, más del doble que hubiera pagado ella. En fin. Estoy en buen camino. CalorHace unas dos semanas que es semi-verano. Achacaré a la falta de lluvias tal sequedad que incluso se ha instalado en mi lengua y no me permite apenas articular palabra. Lectura comprimidaParece ser que antes de saber leer le preguntaba a mi madre cómo se llamaba cada muñeca y qué hacía, así cuando llegábamos a la tienda, yo me dedicaba a “leer” aquello que la caja contaba sobre su correspondiente muñeca. Cuando aprendí a leer, no dejaba de hacerlo durante toda la tarde, contándole cuentos a mis hermanos, leyendo a mis abuelos y dando un telediario desde mi escritorio con el oportuno tema de historia. La mañana del día de mi comunión, llegaron un par de niñas a casa corriendo, a comunicarme que me habían elegido entre todos para que fuera yo quien leyera. Así que allí subí yo, tan emocionada al saber que ese día me escucharía leer más gente de lo habitual. Adoraba leer. Me encantaba leer. Y decidí que podría ganarme la vida leyendo. Sin embargo últimamente la lectura me cansa. He pasado a leer sólo la primera frase de cada párrafo de los artículos de los periódicos (eso si son interesantes), a las revistas les echo un simple vistazo y siempre a las fotos. Los libros han empezado a acumularse de mala manera en mi escritorio y no tengo ni idea cuando los acabaré. Incluso ha traspasado a los libros e igual me ocurre con las canciones, de las que sólo escucho el estribillo o un par de frases concretas. Me cansan. Y lo peor de todo: he empezado a ver las películas dándole al avance rápido. En cadenaPensé aquello de llegó el momento de echarle en cara alguna que otra cosa. Y es que no entiendo como habla de lo mal que lo hacen otras, barriendo fuera, como si ella no sufriera defecto alguno. Pero me contuve. Sólo respondí con un vaya, me parece increíble. Mientras pensaba qué poco me importaban sus cuentos; todo lo mío había pasado a veinte metros bajo tierra. Hasta dónde somos capaces de llegar. Nada que hacer Ciertas seguridades me vuelven completamente insegura.Pese a quien peseA menudo, incluso en las cunetas más olvidadas, se encuentran bellas flores. Llueve, al finLa mayor parte de las veces en que estoy decaída y noto que estoy a punto de pasarlo mal, tengo que echar mano de mi fórmula de emergencia. Ayer me puse manos a la obra: música y acción. i can see you here but don't worry with you hair down in your eyes and you say hi i had to come back without due warning now i caught you making love i'll say goodbye bye bye, bye bye, i just want you to say goodbye bye bye, bye bye, i just want you to say goodbye i can see you cry out i'm sorry blow your nose and wipe your eyes and you'll know why i had to come back without due warning now i'll pack my things and then i'll say goodbye ¿Quién dijo que las despedidas siempre eran tristes? Quiero gritar como Holder un día de estos. Autoestima 0 - Mundo 10Del mismo modo que si hubiera resbalado con una piel de plátano en plena avenida, y ahí abajo, en el suelo, descubriera como la gente sigue con total tranquilidad e incluso pisándome los dedos de las manos. Así me siento. De pronto, todo lo malo y lo que no me gusta de mí se ha puesto en pie de guerra. Intentaré vencerle por los flancos, y es que siempre me empeñé en dar rodeos. Domingo Semana demasiado movidita que, a partir de ahora, será de lo más común.Yo también me quejo de que los cines no sepan qué película necesito ver en cada ocasión, y de las equivocaciones que cometo por no querer leer nunca la sinopsis. Me quejo del frío que vuelve y de pensar en el calor que nos tocará soportar en unos meses. Cada vez mucho más acusado. Y de todo eso que parece no tener remedio. Y de la soledad. Que me diga que pasa sola la semana, en silencio, y que apenas tiene hambre y que no sale de casa y siempre busca la esquina del patio en la que aún da el sol. Yo querría hacer muchas más cosas y estar en muchos más sitios, porque acabamos todos mucho más solos de lo que quisiéramos, pero los días deberían ser de 30 horas y todo debería estar a menos de la mitad de distancia de lo que está ahora. Tengo que preparar ejercicios para las clases de francés, porque apenas he tenido tiempo esta tarde, mientras leía y preparaba mi exposición para Historia Antigua; he tenido que variar horarios, porque comienzo un curso nuevo, los viernes por la mañana y porque he encontrado un nuevo trabajo, con una ong. Así que si me veis por la calle explicando los proyectos sociales que se están llevando a cabo en África, por favor, no me pongáis mala cara. No hay paraguas que valga Estás terroríficamente cerca, pero lejos (ya me entiendes).Llevo días que me producen vértigo. Y me canso de un modo histérico de las ofertas de trabajo que no dejan de pedir comerciales jóvenes, de buena presencia y con vehículo propio. Los días de lluvia salgo antes de casa, porque el agua asusta a la gente y disfruto de las calles a mis anchas y no dejo de pensar que necesito hablar con alguien y no dejo de pensar menudo silencio más acogedor. Supongo que un trabajo de comerciala no me haría ningún daño ni un zumo, en cualquier cafetería contigo, contigo o contigo. Supongo que no es mucho pedir. Y últimamente siento que de vuelta a casa anochece más tarde y que, si me quito las gafas de sol, contra todo prónostico, sigue siendo de día ahí fuera. ¿Por qué me resultará tan difícil ver si sólo tengo que mirar? Eh! Soy yo, ¿no me ves? ¿Os pasa a todos o es sólo mi messenger el que está vacío?. Cartas de una misma barajaDurante un descanso de clase, entre la correspondencia de Luis XIV y su nieto, y tras una conversación con dos compañeros que han resultado ser amigos de un buen amigo, tuve que aguantar el intento de ligue más triste, aburrido e insultante de los últimos tiempos. Ha sido algo inesperado, estúpido y vergonzoso. Un par de gestos a lo intento hacerme el interesante, una mirada para la que no tengo palabras, y unas palabras tras las que no pude seguir aguantando el tipo. Dudé entre llorar (¿de verdad tengo que soportar esto?) u obviarlo como si hubiera sido la inapropiada aparición de un espantapájaros. Hice esto último, pero no pude dejar de sentirme mal, y sobre todo, imbécil, tras el patético encontronazo. ¿Entenderá que no me queda otra que ignorarlo a partir de ahora? Un flash cálidoIntentaba explicar cómo se desarrolla una conversación telefónica en francés. Sé que es aburrido, pero es lo que tocaba. De pronto, una de ellas resopló y me sentí fatal: dsd- ¿Ya estás cansada? ella- ¿de qué? ¿de esto o de todo en general? dsd- Pues, cuando añades "de todo en general", quizás sea de eso, ¿no? ella- No, es que me acordé que tengo un examen el viernes y aún no estudié. Pero de esto, no. Si la hora que damos francés es en la que más me divierto del día. Y encima aprendo! dsd- Vaya! Bueno, (incrédula tras sus palabras) vamos allá. Estanque... Guardo las llaves de papá en el sombrero, guardo la lluvia del cristal, en el sombrero, guardo la risa de mamá en el sombrero, guardo paredes sin pintar, en el sombrero... Memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, sola, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, no sé qué pasa, memoria, memoria, memoria, memoria, me moría, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, memoria, ni por qué, memoria, memoria, memoria... DespertarSí. Recupero la conexión -la de internet y la que me une al resto del mundo- . No sé qué pensaréis si digo que me he pasado estos días durmiendo. Pero es cierto. Aunque parece que mi etapa de aletargamiento ha terminado. Feliz Año Nuevo a todos. Suerte, magia, y felicidad. Night FeverNada tienen que ver aquellos sábados noche de discoteca lejana con los de ahora. Todo un mundo de diferencia. Aquel sonido/ruido infernal, aquel ambiente, aquellas amigas (¿qué sería de ellas?), la finalidad de salir entonces... ¿de veras podía divertirme? Anoche después de pasear viendo las luces en los árboles y de mucho hablar de cine y de las relación a distancia entre dos que no sé si existen, acabamos al final de la avenida. Subimos al ático a una hora que nos permitió elegir una de las mejores mesas. Desde allí arriba veíamos quien entraba, y quien se quedaba fuera, mirando tras los cristales: buscando. Es un lugar cálido donde sólo molestan los fumadores demasiado pesados. La música no podía ir más a tono: Barry White, Marvin Gaye y algo de whether you’re a brother or whether you’re a mother, you’re stayin’ alive, stayin’ alive. Feel the city breakin’ and everybody shakin’... me hicieron reír recordando mis estúpidos veranos pasados en aquella discoteca. Por suerte ningún Tony Manero en la pista. Burbujas Tal día como hoy, hace un año, empezó todo.Es extraño, jamás pensé en el valor que este blog ha llegado a tener para mí. Nunca imaginé que escribiría más de lo que acostumbraba en un principio. Pero sí. Podéis subir a mi apartamento; propongo risas, música y algo para brindar. Besos. SorprendidaSomos siete. Seis chicos y yo. Pensé que no seríamos tantos, incluso el profesor se llevó una sorpresa. No me siento a gusto, todo sea dicho de paso. Dar clase con seis chicos y dos profesores en un despacho de lo más masculinamente decorado posible. Somos nuestro apellido. Dentro, me saludan dándome la mano y nadie ofrece asiento a nadie. Nadie mira a la cara de nadie ni se preocupa por saber cuál es su nombre. Al llegar saludo y tampoco soy respondida. Incluso soy la única que va vestida de color, los demás en negro. No me gusta. No me gusta nada, pero ahí estoy. Se me ha asignado un año en la historia y mi trabajo es descuartizarlo. Tengo cuatro meses para ello. La cacería Llevo días enlatada. Me aburro, estoy cansada y me duele la cabeza. ¿Debería hacer algo? Sólo me apetece dormir unas cuantas -muchas- horas para volver a encontrarme con fuerzas. Para volver a encontrarme.Preparan la Navidad con rapidez o avidez o quizás con las dos. Y luego vendrán más cosas. Cualquier cosa. Todo rápido. Yo carezco de ímpetu, me dejo llevar y me acomodo, pero a veces me siento sobrepasada por el tiempo que cabalga mucho, muchísimo más adelantado que yo. No sé si pedir tiempo muerto o que se pare que me bajo en el arcén, porque tengo que dormir, porque tengo que parar, aunque temo que me cueste luego más volver a subirme. Calma. Calma, por favor y silencio. ¿Nadie excepto yo se detiene a oír los árboles? FingidorasEs curioso. Hace semanas que descubrí que sabía de mac si iba a verla yo, si la llamaba yo, si la escribía yo. Me di cuenta que igual ocurre con todos los demás. Sólo sé de ellos si doy el primer paso. De modo que decidí dejar el tiempo pasar y esperar. Además, la última vez que escribí a sa, ni siquiera recibí respuesta, no sé qué excusa me podrá cuando por casualidad nos crucemos en la calle. Sigue siendo curioso. Y pasó el tiempo. Mi hermana ha visto a jm varias veces por la calle y ha tenido que oir dile a tu hermana que me llame para quedar una tarde cada una de ellas. Aún más curioso. Ayer noche leí un mail de mac (al fin) casi mes y medio después de mi última visita. Me explica que no tiene tiempo entre las clases y el trabajo, y que vio a sa a principios de semana que también tiene mucho trabajo y no para un momento y que en cuanto tenga tiempo te llamo y quedamos para un café. Ya veré que le contesto porque yo no soy así y me cuesta escribir algo tan falso. Yo no tengo que fingir. Para eso prefiero no decir nada. Reconozco tener un caprichoMi perfume favorito (favoritísimo) sólo vale 6 euros y sólo se vende en algunos hypermarchés franceses. RevolucionesHoy lo recordé otra vez. Paso por sitios. Lugares que cruzamos juntos. No entiendo cuánto cambio. Tantas diferencias. Parece otra persona. Tú sigues siendo la misma, soy yo. Y hay cosas que jamás dijo que haría y las hace, y nos distanciamos a una velocidad cada día más elevada (así lo entiendo). Y me lo imagino, y me cuesta creer. De guardar números en la memoriaAl fin fin de semana. Estoy cansada, agotada. Muchas horas, fuera de casa, preparando ejercicios y temiendo la llegada de los exámenes, un cheque que sigue tardando... Hace un par de días pasé unas horas de la mañana buscando algo nuevo en las tiendas del centro. En la última, me decidí por un jersey azul que supongo le irá bien a mi hermana. Así que después de aguantar la cola (siempre acaban irritándome), mientras intentaba guardar el cambio, recoger una moneda del suelo, sin que se me cayera también el paraguas, sonó un sms en mi teléfono móvil. Era de un chico al que no veo desde hace mucho más de un año. Sin duda me sorprendió. Pero aún más me sorprendió cuando, al leerlo, no acababa de entender porqué se apenaba de no poder verme en toda el día aunque haría todo lo posible por vernos esta noche, seguido de un te echo de menos y un te quiero. Lógicamente no era para mí. Es curioso, no sabía que su teléfono seguía ahí, en la memoria. Y el mío en el suyo. ¿Por qué guardarlos? Sólo salimos un par de veces. Las citas-desastre de aquel abril. Sin embargo, ahora, me da pena borrar el sms. Y ahi lo tengo. Al fin y al cabo, ha sido la primera vez que alguien me ha dedicado un te quiero. Mi primer te quiero, aunque sea por equivocación. SorpresaMe pregunto cómo llegarían los dos últimos comentarios aquí. ¿Será porque hablé de compras, Navidad y centros comerciales? ¿Es la nueva publicidad? Me ha pillado por sorpresa, sí. Modalidades de pagoAcabo de descubrir un sitio donde puedes encontrar arte no sé si a buen precio. Estoy dudando entre este o este. Los dos de uno de mis autores preferidos. Claro que no sé si me darán las facilidades de pago que me da mi farmacéutica: No seas tonta, llévate las dos, no vas a encontrar una hidratante mejor; y, ya sabes, lo pagas cuando quieras. Todo lo nuevoHoy, en mi clase de informática he aprendido qué es google, para qué sirve y cómo se hace una cuenta de correo. Todo uno mundo nuevo lleno de peligros, sin duda, se me viene encima. Seguiremos informando. Tv & cineMientras me recupero de un dolor de espalda de los que hacen época (y es que no dejo de intentar retorcerme para ver la tele: mientras ceno, a la vez que termino de escribir, reflejada en los cristales de la puerta...) y salgo de la impresión de saber que "Antes de Atardecer" (sí, otra vez) no está en ningún cine de mi ciudad, me propongo buscar las diferencias entre ser soltera hoy y ser soltera durante el siglo pasado. ExclusivaHoy, cuando fui a comprar el pan, vi a mi vecina luciéndose con su nuevo novio: Paquirrín (el genuino). Ya se sabe, nada como atrapar un trozo de glamour al vuelo. De buscar grillos en la papelera Definitivamente mi ordenador no es lo que era. El arreglo lo ha desmejorado, salen avisos cada dos por tres: si quiero instalar tal, si sé que es una página cual de informaciones personales, etc... Me aburre y, para colmo, hoy estuve a punto de llorar o gritar durante la cena, porque a veces no se aguanta más. A pesar del buen tiempo que hice la última vez. Hoy estuve a punto de fastidiar mi record. IncidenciasPasan. Las cosas pasan cuando estás desprevenido. La mayoría de las veces consiguen pillarte por sorpresa. Almuerzo el sábado con b y los demás. La hermana de pkt está embarazada. Sil y él van a ver si tiene barriga porque ya está de mes y medio. Hoy hablo con mac. Estaba triste, no se le da bien hacer como que no pasa nada. Confiesa. Su novio y ella, después de tres años, lo han dejado. Por lo visto, desde que ella empezó a trabajar apenas se habían visto. Ahora somos dos en el patíbulo, me alegro, nos haremos compañía. Para colmo mi ordenador dice que se acabó también. Estaré sin poder conectarme unos días. Además, mañana tengo una entrevista de trabajo. Es curioso, no estoy nerviosa y me importa bien poco si acaban eligiéndome o no. Será porque ese trabajo no me atrae en absoluto. De hecho pienso que, en lugar de convencerlos yo a ellos para que me seleccionen, tendrán que ser ellos los que consigan convencerme. Así están las cosas. De ver lo que no quieres verLas dos últimas noches he tenido pesadillas con niños que se mueren y bebés que no dejan de llorar. Hoy, además, todos los hemos visto en las noticias. Mis primeras tres reflexiones de la mañanaAl despertar, pensé -seriamente- por un momento que era cualquier sábado por la mañana de mayo de 1997. Después intenté recordar algo de los cinco sueños (al menos) que me han asaltado esta noche. Y finalmente miré el reloj y descubrí que eran casi las dos de la tarde y conté que había estado durmiendo unas quince horas. Increíble. Estaba realmente cansada después del viaje. Ese lugar Preferiría la playa sin esa sensación pegajosa en la piel.Preferiría la playa con bastante menos gente. Incluso con menos aún. Preferiría la playa sin letreros en inglés ni desayunos con fritos. La preferiría sin el olor a comida de los chiringuitos ni de las sardinas tostándose. Preferiría la playa con otra temperatura más agradable. Preferiría la playa si consiguiera que me sintiera cómoda al andar. Preferiría la playa si nadie la hubiera descubierto aún. La preferiría incluso sin tanta arena ni tanto mar, porque por mucho que mire al horizonte no hay más allá y todavía hay cosas que no me quedan claras. Sin duda lo único que me gusta de la playa es el sonido de las olas romper y lo vacía que se queda de noche. Por todo lo anterior, acabé, como siempre (esto empieza a ser preocupante) investigando los nuevos centros comerciales. En uno divisé una tienda con diseños pop. Entré y acabé escogiendo mi nuevo monedero. O, ¿fue él (ella, de nuevo su imagen) quien me escogió a mí? SimilitudesAún no encuentro la diferencia entre salir a buscar trabajo e ir a pedir limosna. De mi impavidez mientras todo pasaParece que empiezo a tomar color. Me cuesta bastante porque no soy nada asidua a tomar el sol, no me gusta y me molesta pasar las horas tostándome, así que no lo hago: quince minutos, veinte a lo sumo, y siempre embadurnada de bronceador hasta lo indecible. Aprovecho minutos sueltos para leer. Leo tres libros a la vez: una obra de teatro en mi habitación, un cuento en la terraza y una novela de un asesinato en el salón, mientras espero que empiece algo. Ahora también cocino. Es divertido. Preparo cosas para hacer esta semana y sitios donde ir para no dejar de sentirme ocupada. Quedo con mac el miércoles, espero que no me acose a preguntas, que lo hará. De modo que espero que sea una cita efímera o que sea capaz de dirigir el tema hacia otro punto. Hablo con v, poca cosa, nada en concreto, excepto que se le acaban las vacaciones. Para colmo th hace acto de presencia. Para colmo, para demostrar lo perfecta y chic que es ella y lo atractivo e interesante que es su chico. Nota: No hay nada como heredar urbanizaciones en París. Dejà vuQue mi vida sería una mierda lo intuí hace tiempo. Hoy la certeza es cegadora, hasta tal punto que cualquier cosa inesperada es incapaz de pillarme desprevenida. Antes era feliz durmiendo. Ahora ni eso. Capítulo primeroNo entiendo nada. No entiendo nada. La noche del día uno me dice que tras la tormenta surge lo bello. Algo parecido. Una frase de algún autor francés. Todo resultó un simulacro. Se acabó. Decididamente. Lloré. He llorado, pero tuve que dejarlo porque los ojos me dolían. Ahora veré que hago. Esperando el momento de desbordarmeEstá a punto de caer la gota que colmará el vaso. DatosHoy mi profesor explicaba el margen de error posible a cometer. Según él hay estudios que ratifican que: de diez grandes decisiones tomadas siete llegan a ser errores y tan sólo las otras tres acaban teniendo grandes resultados. Me pregunto si no me habían podido contar esto antes, a partir de ahora andaré con pies de plomo. Aunque claro, esto yo ya me lo olía. La equivocación como modus vivendiMe cuesta comerme mi orgullo, cuando lo hago me indigesta. Me equivoco tan a menudo y soy conciente de ello hasta tal punto que a veces parece que lo busque y a veces parece que lo necesite. Las cosas las hago mal por inercia. Pero odio tener que reconocerlo. Llora, maldita Lo esperado: recibí de nuevo una bofetada. Ésta dolió tanto que no me rebelé. Lo inesperado: que viniera de él. Comprendo que actuar así, después de tanto tiempo vuelva enfermo a cualquiera. Pero nunca acerté a hacerlo mejor. Después de ni comer ni dejar comer vengo con esto. Sí. Fui tonta, infantil, maléfica, grosera... llámame lo que quieras pero no me digas que no. - No. Estoy rendida. Yo que pensé, yo que creí... Ya nada vale. Ya no es que sobren las palabras, es que sobra todo. Años para esto y, sí, por mi culpa. No lo niego, pero no quiero esto así. Anoche estuve cenando fuera con unas amigas. No les dije nada, a pesar de salir el tema, yo venía de estar muerta en casa y ni los chistes de md ni la suerte de gem, explicándonos su nuevo trabajo me hacían volver a la tierra. Tengo encogido el pecho, el corazón, el alma, llámese como se quiera. Pero no me apetece respirar en un tiempo: no creo que sea posible. Estoy tan sola que creo que mis palabras no se oyen. Quiero disolverme en agua, como una aspirina efervescente. Sí. Vale. Me equivoqué, pero no temo en reconocerlo, ¿eso no supone nada? ¿Qué clase de juego es este que terminará amputándome la razón? Ódiame, destrózame, acaba conmigo, juega, ríete... pero no me dejes. Ahora no. Mañana será otro díaNo lo diré muy alto, pero hay detalles que han dejado de preocuparme. Parece que, al fin, ha llegado la calma. Voy a ver si me centro un poco, porque llevo días viviendo a deshoras y apenas me doy cuenta de lo que hago (que no llego a distinguir si es mucho o poco). Es cierto, más que nunca me apetece cortar hilos. Quiero desaparecer, dejarme llevar (donde sea) pero escapar un poco de aquí. Lo que más odio de mí es lo que me rodea. Creo haberlo dicho antes. No me fastidia que las cosas no salgan como yo quiero que salgan, me fastidia que nunca salgan como yo quiero que salgan (al menos una sola vez). Pero el fastidio es llevadero. Diciendo las cosas que me canso de callarNo quiero guardarme las cosas que me hacen daño clavándomelas dentro como hierros oxidados. Por eso, a veces, me confieso. Hace meses que me sentía cansada de estar callando que me importa, más de lo que él piensa. Se lo he dicho (me alegro). Naturalmente, luego he apagado el móvil y he descolgado el fijo, por si se atreve a llamarme o a intentar contactar conmigo respondiéndome cualquier cosa que no me apetezca oir. Prefiero soltarlo y hacer oídos sordos. Creo que no se hace así. Pero por si acaso. A lo mejor tengo algún mensaje suyo o alguna llamada perdida pero: ¿y si no? ¿y si tengo pero contesta lo que no quiero? Prefiero no saberlo. Me esperaré un par de días, antes de volver a conectar el teléfono. Prefiero no saber a saber que no. Dicho esto, al menos, me siento mejor. Con mi revelación he conseguido una mínima liberación. Ya todo me da igual. Sí A mí también me han entrado ganas de ser princesa.RecapitulaciónHoy pasé el día en silencio, intentando recuperarme por donde me dejé, mucho antes de empezar todo esto. Mucho antes de estos cinco meses. He estado haciendo tantas cosas en tan poco tiempo que no me cabe en la cabeza que todo este tiempo haya sido yo misma. Yo no solía hacer nada. No sé qué me dieron en enero que aún me dura el efecto, parezco como montada en una cinta transportadora y no dejo de moverme. Ahora empiezo a comprender el valor de los días libres y las vacaciones. Estoy intentando averiguar qué hacer conmigo este verano y, lo que es más importante: qué hacer después. Las cosas se agolpan en las líneas de la agenda de los días próximos pero, en adelante, desde septiembre no hay nada. Nada. Si pienso si el futuro está escrito o no, pienso que no. Yo no tengo nada, tendré que escribirlo, pero ¿qué?. Largo fin de semanaSé que debería contar algo. Ya va siendo hora. Hace días que no asomo por aquí, ni siquiera para mirar si alguien responde. Después de tres días de un estrés semi surrealista para lo que yo estoy acostumbrada, al fin, descanso (hasta el lunes). Lo que me fastidia (y es inevitable) es no tener tiempo para hacer lo que quiera. Hay quien me diría bienvenida al mundo real. Pues bienvenida, que otra cosa queda. Con más gloria que penaHoy, al salir de la ducha y mirarme de pasada en el espejo, me ví. Entonces me di cuenta que últimamente gano más desnuda que vestida. Lo cual no está nada mal. Creo que aquella época saturada de complejos la superé con éxito. Ahora soporto mirarme. Más allá de mí... ¿dónde? Vivo en un cruce continuo de caminos. El mapa lo perdí durante una tormenta y sigo aquí, dilucidando hacia donde dirigirme. La mayoría de las veces llego a la conclusión de que no puedo moverme: estoy pegada al suelo, obligatoriamente, y no encuentro el modo de despegarme. Así, es lógico que siga aquí, a expensas de lo que pasa, no hago por hacer nada fuera de lo común. Sólo lo estrictamente necesario. Me dejo llevar con tanta facilidad que si lo pienso me asusto. Me dejo llevar por quien se asoma al cruce y me ve. Yo acompaño. Lo acompaño durante un tiempo hasta que sigue adelante o hasta que me canso de andar por donde no es. Y me vuelvo a mi sitio.Me temo lo peorMe he aguantado las lágrimas tanto que, al menos eso –el llorar- lo he evitado. Odio no saber hacia dónde voy. Odio las clases, creo firmemente en dejarlo. No sería abandonar, sólo acabar con esto ya. Odio saber qué sólo yo doy la cara mientras los demás aguardan detrás. Odio tener que competir para ser el mejor, cuando sé que es una lucha más que inútil. Odio sentirme obligada a hacer algo que no sólo no quiero sino que además no soporto. Odio no hacer nada, no sentirme útil, no ver que valgo para algo y sentir que pierdo el tiempo en esto: no capto la evolución. Quiero saber que después hay algo más, algo que me servirá de veras, sino me voy. Para colmo: hoy. Hoy en cualquiera de sus esencias. Que no, que no. Que NO. ¿Por qué me complico tanto? Sólo son dos letras. Me odio. Yo soy mi propio tormento. He perdido el norte (otra vez) me arriesgo en vano, yo no soy así, este no es mi camino, de nuevo un paso en falso. No estoy a gusto, vale, quizás a largo plazo pero, ¿mientras qué? ¿me obligo? Y ¿si no qué? No sé. Si me voy qué voy a hacer. Si me quedo qué hago. No estoy a gusto pero no sé si sin hacer nada aguantaré. Mi vida es un lastre con el que no puedo. Necesito un cambio. Uno de verdad, darme un motivo. Necesito darme algo, una alegría, algo que me haga abrir los ojos. Necesito encontrar algo, motivarme por algo. La soledad hoy me pesa demasiado sobre los hombros. Más que los últimos meses, tanto que siento que la marea, de repente, puede hacerme hundir pronto. Ojalá pudiera borrarme. Sudores, temblores y demásHe pasado una de esas noches de terror de las que me cuesta la vida salir. Llegó un momento en que me desperté y mi cabeza comenzó a emanar miedos. Miedos por todo y empecé a sentirme mal, muy mal. Cuando me pasa esto lo mejor es salir fuera, a la calle, para intentar que así los techos y las paredes no me resten el aire. Claro que anoche no era verano y qué iba a hacer yo a las 05:45 de la mañana en la calle. Obvié esa posibilidad. En realidad las obvié todas y solo esperé dormirme o que pasara la noche o cualquier cosa, con tal de escapar del miedo. La verdad, lo he pasado muy mal. A veces me gustaría no tener tanta facilidad para pensar en males y terrores: porque acabo conmigo. Hoy lo evitaré de otro modo: me acostaré sólo cuando esté cayéndome de sueño: así de claro. Pero sé que alguna vez cambiará mi suerteMi calle huele a café de sobremesa. A humo de cigarrillo preso en el ascensor. Salgo antes para llegar después: voy despacio para aprovechar el sol sobre mi piel. Sigo llegando tarde. Mi calle tiene cuchillos rojos dibujados en papeleras y mujeres rubias que conducen bmws mientras se oye algún niño preguntándole por qué no a su padre. Y el padre se enfada. Y el niño no se calla. Mi calle se derrumba y la apuntalan obreros que desafían inocentes la ley de la gravedad. Dos esperan en la puerta del banco. Uno guarda el móvil, otra lleva abrigo y bufanda, yo camiseta blanca, imaginando que es primavera, la misma de Botticelli que me invita desde un cuadro en el salón de una tienda de muebles. Y alguien me pregunta por una plaza. Y tres cosas: ¿eso existe?, sigo llegando tarde y yo tampoco soy de aquí. Acabo de decidirloUn día de estos pido la jubilación anticipada. Lo malo es que ellos me pidan que trabaje, al menos, alguna vez. Fuera sueñosNo acepto los sueños. Nunca me hacen pasar una buena noche. A veces incluso me levanto aterrada, como hoy: Soñé con alguien, no vi su cara. Llamó al timbre, abrí la puerta y no había nadie, sólo una cajita minúscula en el suelo (ni notas ni nada). Me agaché, la tomé y fui al sofá para abrirla. Qué sorpresa, un regalo! Era un colgante en forma de corazón, de color oscuro, casi negro. Ignoro el material del que podía estar hecho. Me lo coloqué, lo enlacé al cuello imaginándome quien podría haberme enviado el regalo. En esas estaba cuando noté algo raro en el pecho, como moviéndose. Me miré dentro del jersey y allí estaba: el colgante. Al maldito colgante negro le habían salido seis o siete patas negras, repugnantes y arácnidas, y corría intentando escapar de mi lazo al cuello, y temí que me picara o me envenenara con algún extraño y desconocido virus, y no dejaba de moverse y yo de intentar escapar de sus pisadas sobre mi pecho, acercándose al cuello, a mi yugular, y comencé a oír su sonido insólito que no logré adivinar de dónde salía, y me volví una histérica... y desperté. Despertador orgánicoOcurría durante algunos amaneceres de verano. Yo dormía prácticamente desnuda en mi cama, navegando entre estrellas y observando la danza lunar. Mi ventana da a un patio interior donde se asoman unas 39 más. Tenía que esperar a que se apagaran las luces y subía la persiana hasta el tope. Y luego el silencio oscuro que ansiaba oír llegar. Un silencio que me reestructuraba los oidos: mágico y espectacular. Debía andar lista para que con los primeros rayos de sol me levantara sigilosa a bajar la persiana. En ocasiones lo olvidaba y me despertaba con las incipientes entonaciones de los pájaros enjaulados. Y en ocasiones ocurría: un sonido, el primero tras la noche. Empezaba imperceptible, casi mudo, pero se iba elevando y acelerando: una exhalación, un suspiro, un gemido, un aullido casi un grito... y vuelta a empezar. Me despertaba entonces oyéndolo asombrada. ¿Sería posible o sólo estaba imaginándolo? Salía corriendo de la cama y me escondía tras las cortinas buscando una habitación, una cama grande o unas sábanas móviles entre todas las ventanas de enfrente: nada en el quinto, las del cuarto con las persianas bajadas, los del tercero están de vacaciones... ¿De dónde vendría el sonido de aquel amante imposible? Enloquecía cada mañana intentando dar con él, pero nunca se dejó ver, sólo oir. El misterio de mi despertador de verano sigue hoy vigente. Ha vuelto a hacer de las suyas, esta vez a las 13:40 del mediodía. Me da a mí...Creo que me dará plantón. No hemos concretado nada y la cita era mañana. El escritor pasa delante y me deja atrás. Eso creo. Y yo esperando. Las cosas cambianLo vivido estos días se sale de lo común. Como un cabriolet en plena Edad Media. Sin embargo no me ha asombrado. Simplemente me lo esperaba sin esperármelo: era la consecuencia. Otra vez me dio pena despedirme de V, que viaja a 800 kilómetros de distancia, como en los tiempos remotos. Hemos pasado unos años fuera de juego y ahora todo vuelve a ser como antes. Me alegro de recuperarnos otra vez. Es una gran amiga. Las dos (junto a mi hermana y alguna más) luchando contra el novio de B. Ha sido divertido. Se llevó su merecido y nosotras brindamos por el triunfo. Era necesario. No sé cuando olvidaré la cara del resto del mundo al vernos concluir la hazaña. Tantas risas desparramándose fueron la apoteosis de estos días. Pero por otro lado... Hay una historia sorprendente hormigueando por nuestras vidas: La de J. Intento alejarme de aquellas niñas con las que salía con 12 ó 15 años. J era un niño tímido, dulce y reservado. Nunca me cayó mal, al contrario: nos llevábamos bien, pero otras hacían chistes de él. Aquello no era lo que más me molestó, llegaron a hacer chistes también de mí. Dejé de ver a J. Dejé de salir con ellas. Pasó el tiempo. El negocio de su padre bulló como la espuma, él su único heredero. En cuatro años ha comprado dos pubs y una discoteca que regenta él mismo. Tiene 23 años. Ya no hacen chistes. Buscan la manera de “conocerlo”. A veces lo veo (por ejemplo: ayer) sigue teniendo la misma mirada dulce y la misma sonrisa encantadora pero mezclada con 2/3 de joven triunfador y aderezada con su flamante BMW y su reloj de oro. Menos malNo soporto al novio de B. Parece hecho de despojos humanos. Algunos de sus errores consisten en creer que es inteligente, creer que es atractivo y creer que, por el simple hecho de ser hombre, las mujeres tenemos que rendirle pleitesía. Gracias a esa bestia neandertal a B no le quedan amigas. Siempre quedamos cuando sé que no estará ese, prefiero vivir mi vida sin tener que cruzarme con el monstruo maloliente que tiene como novio. Porque a mí me habla a voces, me insulta y me dirige frases que comienzan con “quien te manda a ti...” El caso es que es consciente de que yo le planto cara a sus estúpidas y necias formas de comportarse y eso le fastidia, hay momentos en que parece que le hierve la sangre. A pesar de ser relativamente joven se comporta igual que el peor de los tiranos machistas. Es triste que aún se críen especimenes como este, que deberían extinguirse de una vez. Menos mal que hace meses que no le veo, aunque creo que es él quien más se alegra. Un paso atrásEsta mañana estuve indagando en la Universidad cuando entregar la matrícula para las prácticas. Desde este verano ha sido un: sí puedes hacerlas en febrero, no puedes, sí puedes, no hay cupo suficiente, y por último: sí puedes matricularte. De modo que fui toda decidida y feliz a rellenar mi preinscripción. Me explicaron el plazo y la cuota, etc... “Menos mal que no tengo que esperar hasta septiembre para hacerlo”, pensaba, ilusa de mí, viviendo en la quimera que me produce toda la falsa organización de la Universidad. Cuando he llegado a casa y he comenzado a leer las instrucciones: oh, sorpresa! mi especialidad no la encuentro en ningún grupo y leo: no se ofertan plazas de materias que han cubierto suficientemente el cupo previsto en la convocatoria ordinaria de septiembre... Y encima hoy había charcos y no tenía por dónde pasar. :( ¿Futuro? No, gracias.Me pregunto si sería buena idea ir a que me leyeran la mano o las cartas o algo así. Fue la semana pasada cuando las chicas y yo paseábamos por el centro comercial y vimos la habitacioncilla de la bruja. Por lo visto estaba de oferta y podían averiguarte el futuro en un plis-plas y por sólo 12 euros. Desconfié. Pero me pasé la tarde pensando si me hubiera creído o no lo que saliera, supuestamente, de la bola de cristal. Imaginé: “conocerás a tu pareja comprando el pan”. Lo que, en consecuencia, me obligaría a ir todos los días. Pero claro: ¿y si no acierto con la hora? ¿Debería quedarme toda la mañana en la panadería observando a todo hombre que entrara? ¿Y si no es esa la panadería? No, es demasiado estresante, imaginaré otro ejemplo: “lo conoces ya”. ¿Lo conozco ya? ¿Qué broma es esta? A ver...jeje, espero que sea el novio de A... |